Es la parte de la odontología destinada al tratamiento de la enfermedad periodontal, la cual afecta principalmente a los tejidos de soporte de los dientes, es decir, al ligamento periodontal (une el diente con el hueso) y al hueso.

Es la principal causa de pérdida dentaria en los adultos, afectando a tres de cada cuatro personas en algún momento de su vida.

La principal responsable de la aparición de este problema es la placa bacteriana que se forma constantemente entre los dientes, incluso sin haber ingerido alimentos. La eliminación de la placa se lleva a cabo por medio del un cepillado diario acompañado inexcusablemente de la utilización de seda dental y si fuese necesario de cepillos interproximales. Una higiene oral minuciosa le ayudará a prevenir la aparición de la enfermedad periodontal además de otras patologías como las caries.

Entre las causas que contribuyen a la aparición de la enfermedad periodontal encontramos el tabaco, la predisposición genética, la flora bacteriana y otros hábitos tóxicos.

El tabaco es uno de los factores que más agravan el pronóstico de la enfermedad y la evolución del tratamiento. Disminuye el aporte de sangre a los dientes, existiendo una menor capacidad de reacción frente a las bacterias y estando su evolución directamente relacionada con la cantidad de cigarrillos consumidos al día, siendo de mejor pronóstico pacientes no fumadores.

La herencia en contra de lo que popularmente se cree, no tiene un papel protagonista. Es cierto que genéticamente podemos tener cierta predisposición pero ha de haber presencia de bacterias para que la enfermedad se desarrolle.

Si una vez diagnosticada la enfermedad no se tratada adecuadamente, los dientes presentarán movilidad y más tarde se perderán. Este proceso puede tener una duración variable que dependerá de cada paciente.

Los síntomas que podrían hacerle sospechar de su presencia son los siguientes:

Encías rojas e inflamadas. Con carácter general las encías sanas no sangran, por lo que podría ser síntoma de enfermedad periodontal presencia de sangrado tanto espontáneo, como al cepillarse o comer.

Movilidad o cambios de posición. Este síntoma refleja que en torno al diente se ha perdido soporte o anclaje al hueso maxilar y es más acusada cuanto más avanzada esté la enfermedad.

Halitosis.

Dientes aparentemente “más largos”.

Pus. En general localizado en la línea de las encías o cuando se aprietan las mismas.

Recuerde que el tiempo empleado para conseguir una buena higiene oral no supera los 10 minutos diarios y simplemente dedicándonos esos minutos ganaremos salud, estética, comodidad y ahorraremos dinero.

Si su encía está enferma o pudiera estarlo consúltenos, lo valoraremos clínicamente y le aconsejaremos el tratamiento más adecuado de su caso.