La articulación témporo-mandibular es la articulación que relaciona la mandíbula con el cráneo siendo la encargada de las funciones de apertura y cierre de la boca además de todos los movimientos que se realizan al hablar, comer o gesticular. Es una articulación doble, similar a la de otras partes del organismo, estando constituida por dos superficies articulares, un menisco y ligamentos. Su función puede verse alterada por factores tales como las malposiciones de los dientes y los malos hábitos orales, entre otros mascar chicle, morder lápices, apretar o rechinar los dientes, el estrés o estados de ánimo.

¿Qué es el síndrome de disfunción masticatoria?

La mandíbula se encuentra unida al resto de la cara por los músculos masticatorios y se relaciona con el cráneo por medio de esta articulación. Cuando los dientes no están colocados correctamente, o existen ausencias dentales, la arcada superior no encaja adecuadamente con la inferior, esto obliga al paciente a hacer movimientos anómalos de la mandíbula para lograr un mejor ajuste entre las dos, forzando por tanto las articulaciones y obligándolas a hacer un excesivo trabajo.

Existen además una serie de circunstancias que favorecen la aparición de este síndrome, entre las que cabe destacar:

Bruxismo (apretamiento dentario): Diurno o nocturno es la actividad nociva más frecuente para el sistema masticatorio. Es un hábito muy arraigado en la sociedad moderna, relacionado con situaciones de estrés, ansiedad, pequeñas frustraciones cotidianas, etc. Es más frecuente que se manifieste durante el sueño, una vez que han desaparecido los mecanismos de alerta, e impide que seamos conscientes de ello.

Hábitos perniciosos: Hacen que se utilice el aparato masticatorio para funciones para las que no ha sido diseñado, por ejemplo: abuso en la masticación de chicle, morderse las uñas, comer pipas, mordisqueo de labios o carrillos, etc.

Cada uno de estos mecanismos es capaz de provocar el síndrome de disfunción masticatoria por sí mismo, sin embargo, lo habitual es que participen varios de ellos, llegando a provocar la aparición de lesiones en las articulaciones témporo-mandibulares pudiendo dar lugar a chasquidos, dolor y/o bloqueos de la misma, constituyendo el síndrome de dolor disfunción de la articulación témporo-mandibular.

Es un problema que afecta a un elevado porcentaje de la población, especialmente mujeres jóvenes, aunque puede aparecer en cualquier grupo de edad.

Los síntomas que frecuentemente produce son:

Desgaste dental: El apretamiento dentario favorece la pérdida del esmalte dental siendo frecuente observar en pacientes con este síndrome dientes de formas más redondeadas, ausencia de cúspides funcionales o anatomías invertidas. Si el desgaste se mantiene, el diente deberá recibir un tratamiento endodóntico para conservar sus funciones, pudiendo ser necesaria su posterior restauración con una prótesis.

Dolor: Se localiza generalmente por delante de la oreja, pudiéndose irradiar hacia la cabeza, porción lateral de la cara, alrededor del ojo e incluso al cuello. Es un dolor que no responde satisfactoriamente a los analgésicos habituales, lo que unido a lo poco específico de su localización hace que los pacientes consulten al otorrino, neurólogo o traumatólogo antes de acudir a consultar al dentista.

Chasquidos: Se producen en una o ambas articulaciones al abrir o cerrar la boca. Pueden ser más o menos sonoros e indican la existencia de alguna alteración en la posición del menisco de la articulación.

Bloqueos intermitentes en la apertura/cierre de la boca: Cuando se llega a esta situación se experimenta una cierta dificultad para abrir/cerrar la boca, como si existiera un tope que impide una apertura o cierre completos, siendo necesaria la manipulación de la mandíbula para lograr los movimientos.

Si la enfermedad progresa, se puede producir la lesión de los ligamentos, dando lugar a bloqueos que hacen que la apertura de la boca consiga la mitad de su recorrido natural. Si el síndrome no se trata puede evolucionar hacia una artrosis similar a la de cualquier otra articulación del organismo.

Prevención del síndrome de disfunción masticatoria

Como ya se ha indicado, en el origen de este síndrome tiene una importancia decisiva el estado y posición de los dientes en la boca. Mediante la visita periódica al dentista se pueden corregir alteraciones en la posición de los dientes o reponer piezas cuya ausencia pueda influir en la aparición de la enfermedad. Este es uno de los motivos por los que conviene reponer rápidamente aquellas piezas que son extraídas, consiguiendo un correcto engranaje entre los dientes de la arcada superior e inferior. De igual forma, se deben evitar los hábitos perniciosos que sobrecargan el aparato masticatorio, al menos, aquellos que se realicen conscientemente.

Tratamiento del síndrome de disfunción masticatoria

El tratamiento del síndrome de disfunción masticatoria varía dependiendo del grado de afectación de cada paciente pudiendo llevarse a cabo todos o solo algunos de los siguientes:

Férula oclusal o férula de relajación: es el tratamiento utilizado con mayor frecuencia y que obtiene los mejores resultados a medio y largo plazo. Las férulas son aparatos realizados en resina transparente que se colocan sobre la arcada superior o inferior, haciendo que al contactar los dientes con la férula la mandíbula vaya a una posición adecuada en la que se relajan los músculos masticatorios.

Fármacos: se utilizan para disminuir la sintomatología, especialmente el dolor. Se pueden emplear medicamentos para relajar los músculos de la mandíbula (miorrelajantes, antiinfla­matorios) o fármacos para disminuir el estado de ansiedad del paciente (ansiolíticos), lo que aliviará el grado de sobrecarga de sus músculos masticatorios. Dependiendo del caso, se utilizarán todo el día o solamente por la noche.

Fisioterapia y kinesiotrapia: el tratamiento con láser, la estimulación eléctrica con corrientes entre otros son técnicas eficaces pero que no suelen conseguir una mejoría duradera, siendo frecuentes las recaídas.

Tratamiento quirúrgico: únicamente se realiza en aquellos casos en los que la enfermedad está muy avanzada y el resto de tratamientos no han dado resultado.